lunes, 9 de marzo de 2015

La estación 506

El despertador sonó con la estridente música del grupo La Galaxia Perdida. Rush se levantó de la cama con una pirueta demasiado complicada para una persona discapacitada como él, pero gracias a sus robóticas piernas diseñadas y construidas por él mismo, Rush era capaz de eso y mucho más. Durante la última batalla acontecida entre 506 y 648, las dos estaciones más tecnológicamente desarrolladas del planeta Hyx41, Rush, había perdido sus dos piernas. Sim embargo, este hecho no acabó con sus proyectos acerca de la invención de una nueva máquina que, en caso de que un nuevo ataque por parte de sus vecinos fuera llevado a cabo, le permitiría teletransportarse a cualquier otro punto del espacio.
Meses atrás, tras muchas horas de investigación, sus esfuerzos habían dado sus primeros frutos y consiguió crear un artefacto que le permitía viajar a través del espacio hasta un punto situado en un radio de 20 kiloastros. Fue entonces, cuando la estación 648 comenzó con la agresión constante mediante el lanzamiento de proyectiles láser contra la base iónica 506. Rush, que en esos momentos se encontraba allí en su puesto de trabajo como cada día, recibió el impacto de uno de esos disparos dejándole ambas piernas mutiladas. Después de pasar varias semanas en la base hospitalaria, fue enviado a casa montado en un platillo para gente con problemas de movilidad dirigido por control remoto. Desde ese momento y ante el hecho de que había sido suspendido de su puesto de trabajo por no poder caminar, su principal motivo de estudio fue crearse unas nuevas piernas robotizadas. Montado en su disco volante, se dirigía de un lado a otro de la mesa de su taller apretando tornillos y tuercas. Finalmente, no solo consiguió su objetivo, sino que fabricadas con el acero más resistente de toda la galaxia, sus nuevas piernas le permitían tanto andar como dar impresionantes saltos para desplazarse de un sitio a otro sin necesidad de andar gracias a los elásticos muelles a propulsión que las componían. No fue hasta que tuvo terminados sus nuevos miembros inferiores que no prosiguió con sus investigaciones anteriores.
Eran las MasOx de la mañana (las seis de la madrugada en nuestro planeta). Sin perder más tiempo, Rush se dirigió al sótano de la casa o lo que él consideraba su centro de investigación. Por detrás de su cabeza, volaba una bandeja motorizada portando un copioso desayuno a base de huevos, bacon y zumo.
Una pantalla central mostraba el plano completo del proyecto en el que estaba trabajando, el cual estaba situado al lado derecho de la mesa. Compuesto por un montón de placas y tubos, el invento parecía un aparato de televisión tumbado boca arriba más que otra cosa. Parecía increíble que semejante trasto fuese capaz ni siquiera de teletransportar una mosca pero lo cierto era que Rush se encontraba muy cerca de encontrar la clave final para transportar tanto a sí mismo como a toda su casa con él en caso de que fuese necesario.
TaoOx (8 de la tarde). Lo tenía. No podía entender cómo no se había dado cuenta antes. Al rayo de protones que incidía sobre la columna de iones de
gammacita, había que aplicarle una fuerza electrónica alfa para que las partículas atómicas libres, quedasen atrapadas en una red de luz anodial. De esta forma, conseguía que toda su casa y todo lo que se encontraba en su interior fuese sometido a una absorción molecular céntrica y viajase a través del espacio a cualquier otra parte lejos de allí. Rush no podía esperar a probar su nueva creación ya que estaba plenamente convencido de que funcionaría. Sin embargo, ese momento no llegó. El ruido de las señales de alarma de la estación comenzó a sonar al mismo tiempo que las luces de emergencia de todas las bases llenaban todo de colores anaranjados; 684 atacaba de nuevo.
Armado con su pistola de fotones, Rush salió por la puerta de su casa para hacer frente al enemigo. Un vistazo a su alrededor le bastó para observar que todos sus vecinos se encontraban a las puertas de sus respectivos hogares armados de la misma forma que él, y una mirada hacia arriba, le valió para comprobar con orgullo que en la base iónica, los guardias se preparaban para sacar el arma secreta que Rush había terminado de construir justo el día en el que fue herido tan gravemente y que debido a la falta de pruebas y preparación, no había podido ser utilizada en la batalla. Nadie en toda la estación conocía la existencia de este potente cañón excepto los guardias y el Jefe Supremo.
Las naves enemigas, disparaban sin parar sus rayos contra la pantalla que circundaba a 506. El primer lanzamiento del cañón, impactó a una de las naves directamente, pasando a través de esta capa protectora sin hacerle ni un solo rasguño en la superficie. Gritos de júbilo, se escucharon tras ver como el primer atacante enemigo caía al vacío. Los pilotos enemigos, al ver que al atacar frontalmente una a una sus naves iban cayendo, fueron desplazándose hacia los lados para atacar desde otros ángulos. Pronto 506 quedó completamente rodeada, pero lo que no se imaginaban los invasores fue lo que vino después. Los guardias que manipulaban la potente arma, sacaron el tubo central del mismo dejando al descubierto dos círculos de mini cañones dispuestos paralelamente preparados para apuntar a todas y cada una de las direcciones. Girando la ruleta a la máxima potencia y tras el aviso de que todo el mundo se metiese en sus casas para protegerse, potentes rayos fotortricos intermitentes, comenzaron a salir hacia todas partes.
Rush se metió en casa dando un portazo para evitar ser alcanzado por algún proyectil perdido. Pronto el ruido cesó. La impaciencia pudo con él y dando un pequeño salto, se precipitó hacia la puerta. Una pequeña explosión que hizo añicos la entrada de su casa le hizo corregir el salto en mitad del aire y retroceder. Frente a él, se encontraba la M648, tripulada por el Jefe Supremo de la estación atacante. Llegaron a sus oídos, los gritos de sus vecinos, como si nadie se hubiera dado cuenta de lo que estaba ocurriendo en su vivienda. Con una sonrisa llena de dientes desperfectos en una cara ovalada, su adversario saboreaba la victoria inminente frente a él mientras el sonido hueco de su voz se escuchaba en su mente. “Ríndete, estás acabado. Tú has sido el único culpable de todo con tus inventos y tu brillante cerebro. Si tú fueses nuestro, los habitantes de 506 no sufrirían nuestros ataques. Ahora todos saben que si te entregan, nuestros pactos de paz jamás se romperán.” Y para corroborar estas palabras, la placa en la que su casa se mantenía flotando comenzó a temblar.
¿Era posible que los que intentaban derribar su casa fuesen los propios guardias disparando el cañón contra él? Simplemente no podía creerlo. Recordando que aún portaba su pistola de fotones, apretó el botón que permitía descargar toda la carga en un único y potente disparo para conseguir un par de minutos extra contra su oponente alejándolo lo máximo posible de la puerta, ahora ya destrozada, de su morada. Seguidamente, de un magnífico salto, se propulsó hasta el sótano y una vez allí se dirigió a la ventana para comprobar con sus ojos lo que su mente se negaba a creer. Indudablemente ahí tenía la prueba. Su propio invento utilizado contra él y toda la población dispuesta ahora en su contra, dirigiéndose hacia su casa pistola en mano, añadida a las naves atacantes que gracias a la ayuda de los guardias, habían sobrepasado la cúpula de protección de la estación. No había tiempo para más dubitación. Con un último impulso, se situó sobre aquél objeto que parecía un extraño televisor y accionando la palanca con una de sus piernas robóticas, activó el mecanismo.
Una serie de reacciones en cadena se sucedieron a continuación mientras él y su casa se hacían cada vez más pequeños durante unos segundos que a él se le hicieron eternos. Finalmente la última partícula fue absorbida y luego aquel ingenioso aparato desapareció.
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La cabeza le dolía horriblemente. Se encontraba tumbado sobre el suelo de su casa con el teletransportador a su lado. Un olor extraño le llegó hasta la nariz. No sabía dónde se encontraba pero tenía la certeza de que ya no estaba en 506. Se acercó a la ventana en la que minutos antes, la sobrecogedora visión de sus vecinos volviéndose en su contra le había dejado tan consternado. Por los cristales solo se veía una gran extensión de agua sin fin. Con pasos lentos, se dirigió al lugar que antes era el recibidor de su casa ahora sin puerta. La visión lo impactó, todo a su alrededor era agua. A lo lejos podía distinguir un ligero cambio de color que pasaba del azul del agua a un indescriptible tono marrón que jamás podría decir a qué se debía.
De pronto, un escandaloso sonido lo puso en alerta. Preparó su pistola, ahora ya a medio cargar, para disparar contra lo que fuera que se dirigía contra él. El sonido aumentaba de volumen cuanto más se acercaba pero Rush giraba la cabeza de un lado a otro y no conseguía ver nada. No fue hasta que lentamente algo entró en su campo de visión, que no divisó un extraño animal volador con una cola alargada y ondeando en el aire. Sin embargo lo raro no fue que aquel ser con vida propia usase un motor, sino que en su cola había unas letras escritas que decían:
“BIENVENIDO A IBIZA”

                                                                                                           Ana Capitán

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